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Estos altavoces tienen mucho más aprovechamiento de lo que en principio se podría suponer. El fabricante los recomienda sobre todo para hacer las funciones de altavoces de efectos, o en todo caso de frontales en un sistema de precio medio. Una misión para la que están perfectamente preparados. Son altavoces creados para ofrecer sonido natural, aunque en este caso el rango de frecuencias va desde 56 a 50.000 Hz. Esto indica que se quedan ligeramente cortos desde el punto de vista de los graves, aunque habrá bastantes usuarios a los que les parezca suficiente como para conectarlos a un amplificador estéreo de no más de 400 euros para reproducir música en una sala de tamaño pequeño.

Hay que recordar que buena parte de su atractivo es el precio. La pareja de estos pequeños altavoces de estantería cuesta 620 euros. El éxito de los Soavo 900 M  procede de un diseño muy meditado, que empieza en la creación de la caja. Donde otros fabricantes emplean planos paralelos, y rellenan el interior con geometrías complicadas para evitar las reflexiones, Yamaha ha preferido evitar las superficies paralelas desde el primer instante de la concepción de las cajas. Consigue tres objetivos. Eliminar la coloración, obtener una imagen sonora bien resuelta y además bien localizada en el espacio, y por fin, que la reproducción del sonido sea suficientemente detallada. Dentro de la caja no hay ruidos innecesarios ni ondas estacionarias.

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A la hora de unir los diversos planos de la caja, se han abandonado los métodos tradicionales de ensamblaje por otro procedente de la tradición japonesa, que produce una mayor rigidez. El cono de graves es una formulación propia de la japonesa, que emplea polímeros inyectados en mica para crear el diafragma. Se logran conos de altavoces muy ligeros pero resistentes capaces de ofrecer una respuesta muy rápida a la par que medios muy claros. La inyección de mica y talco contribuye a una mejor reproducción de las frecuencias correspondientes a la voz humana.

El tweeter incorpora un domo de aluminio también en una configuración especial que lo hace sumamente ligero y resistente a la vez que capaz de transmitir grandes cantidades de información sonora. Esto hace que el sonido sea muy detallado en las frecuencias altas. El imán, extrafuerte, es de neodimio, y la cesta de aluminio del altavoz, un diseño especial de Kurt Mueller. La electrónica es de alta calidad, y se han empleado capacitores metalizados Solen. Todas las piezas han sido seleccionadas para trabajar en equipo ofreciendo la menor resistencia posible a la señal. El resultado son estos altavoces de estantería de dos vías con puerto de graves. Son altavoces capaces de colaborar con amplificadores de 30 W pero soportan picos de hasta 120 siempre trabajando a seis ohmios. Se mire como se mire, una excelente adquisición.

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