Este es otro de esos televisores de Loewe merecedores de todos los premios de diseño. Hay quien lo critica porque cuesta más del doble que un televisor de igual tamaño en otros fabricantes. A nadie le extraña que un Mercedes, BMW o Audi sea más caro. Esta pantalla de Loewe juega en otra liga donde la construcción masificada no existe. Se distingue por su diseño, por la calidad de los materiales empleados, por el esfuerzo invertido en su desarrollo, y  por los controles de calidad más estrictos del mercado.

Pocos productos hay en el mercado que tengan tantas posibilidades de personalización. En primer lugar, hay que elegir el acabado de la carcasa. Puede ser en un aluminio claro o en negro. Después, es posible elegir el color de los paneles laterales. Hay un buen muestrario para elegir, y en algunos países además han surgido artesanos capaces de hacerlos en otros materiales en los que el fabricante no pensó. En tercer lugar, llega el momento de elegir la electrónica, y eso pese a que el aparato viene muy completo. Es un LCD de alta calidad con pantalla de alta definición de 40 pulgadas.

Las pantallas de Loewe siempre se han visto mucho mejor que las de la competencia. Pero el mejor panel del mundo puede mostrar imágenes horribles si no se cuida la electrónica y el software de respaldo. Esta es la especialidad de la alemana. Todo está cuidado al máximo desde la tecnología de 100 Hz hasta el motor de imagen HD+, pasando por el sintonizador de alta definición para la televisión digital terrestre, o el modo de cine 24p. El resultado es una imagen excelente, muy superior a la de sus equivalentes en tamaño y tecnología.

El modelo Individual 40 Compose cuesta entre 4.500 € y 5.000 euros, según dotación. Puede incorporar un decodificador Dolby Digital, y además un disco duro de 250 GB, estupendo para grabar programas de televisión, incluso en alta definición cuando estén disponibles en España. Esta pantalla no se va a quedar obsoleta en los próximos años. Si a eso le añadimos que desde un punto de vista estético es una maravilla, no es de extrañar que haya gente que esté deseando pagar ese precio para colocar una en el salón. Y no es un producto barato, para todo el mundo, sólo es para aquellos amantes del diseño que además estén deseando ver la televisión o su colección de películas con la mayor calidad posible.

Y lo mejor de todo es que aún se puede completar más. Se le puede poner un soporte de sobremesa, altavoces laterales, una barra de sonido debajo, incluso es posible por apenas 400 euros incorporarle una tarjeta gracias a la cual podrá reproducir películas almacenadas en la red doméstica, de forma inalámbrica. Más moderno imposible.

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