Casi todas las marcas de electrónica de consumo han incorporado a sus catálogos en los últimos meses una barra de sonido. Es el término con el que vulgarmente se conoce a los proyectores de sonido. Loewe fue uno de los primeros fabricantes en seguir la estela de la japonesa Yamaha, y pronto se hizo común la visión del proyector de sonido de la casa colocado bajo un televisor, y ambos enganchados al soporte de suelo más elegante de la alemana, una barra cromada que va del suelo al techo, y que se parece a la que utilizan los bomberos, pero que también está presente en ciertos bares de adultos.

El proyector de sonido de Loewe, llamado Individual Sound Projector combina perfectamente con los televisores de la casa, pero también se puede utilizar con otros modelos de otras marcas. Para la media del mercado, no es un producto demasiado caro. Cuesta 1.600 euros. Tiene amplificación incorporada, y es capaz de generar hasta siete campos sonoros diferentes, casi todos ellos creíbles. Lógicamente, es compatible con Dolby Digital y DTS, pero también con Dolby ProLogic II y DTS Neo2. No está preparado para los nuevos formatos de sonido de alta definición, pero éste es un defecto común a todas las barras de sonido del mercado.

Se trata de un aparato que incorpora una electrónica perfectamente calibrada. Así, no es de extrañar que tenga respuestas rápidas y equilibradas. Todos los rumores apuntan a que es una versión licenciada de la electrónica de Yamaha. Desde el punto de vista de sonido multicanal, es muy eficaz. Mediante rebotes en las paredes y retrasando ligeramente ciertas señales, consigue que el usuario crea que el sonido es envolvente y viene desde todas las direcciones. También es muy eficaz con señales estéreo, aunque en a veces se difumina ligeramente la bilateralidad del sonido.

La colocación del aparato es muy sencilla, y su puesta en marcha no presenta complicaciones. En la caja viene un micrófono que se conecta al proyector, y acto seguido se inicia el proceso de calibración automática. El aparato emite ciertos sonidos y frecuencias, y a la vez las escucha a través del micrófono. De esta manera, se hace una idea de las dimensiones y características de la sala, y va variando las ecualizaciones y los retardos hasta lograr el mejor sonido posible. Está compuesto por 40 pequeños altavoces direccionales, más dos grandes conos de graves cada uno de ellos con un una potencia de 20 W. La potencia total del sistema es de 120 W. Su conectividad analógica de audio es bastante completa, y lo mismo puede decirse de los conectores digitales. Por fin, está  bien dotado desde el punto de vista de los graves, pero si alguien se queda con ganas de más siempre puede conectarle el subwoofer de Loewe, que además de sonar como un cañón, es muy atractivo.

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