Los televisores Individual de Loewe bien merecen ese nombre, porque son lo más parecido a hacerse una pantalla a medida, sin tener que empeñar el piso. Para comprar uno de estos modelos hay que tomar un buen número de decisiones, y el proceso de diseño y selección es tan divertido como el uso posterior del aparato. Hay que elegir el color, la montura, el color de los paneles laterales, y buena parte de la electrónica. En este caso se trata de un televisor con pantalla de 46 pulgadas, e imagen de alta definición, que ofrece un alto nivel de claridad y de definición en los movimientos gracias a la tecnología de 100 Hz. No es un mito. Los 100 Hz no sólo mejoran el visionado de las imágenes más rápidas. También el de las imágenes apacibles y bucólicas como, por ejemplo, un telediario.

El sintonizador que incorpora, compatible con la TDT, también puede recibir emisiones en alta definición, y es compatible con satélite y con cable. Las imágenes que ofrece son realmente buenas, mucho mejores que la de otras pantallas LCD con retroiluminación fluorescente que hay en el mercado, pero claro, esta electrónica es mucho más cara y cuidada. Para los fanáticos de la televisión, incorpora un disco duro para grabar programas. Según la versión es de 160 o de 250 GB. EL menú ofrece innumerables capacidades de grabación.

Probablemente la conectividad no sea el aspecto más brillante del Loewe Individual 46 Compose 100, pero si ya tiene sintonizador para la TDT, el satélite y el cable pueden entrar a través de tarjetas, y ya tiene grabadora de disco duro interna, lo más que necesita es una entrada HDMI para conectar un lector Blu-ray, que además lea discos DVD. Lo que le falta en conectividad se puede compensar sobradamente mediante actualizaciones y ampliaciones.

El sonido de este modelo es muy interesante. Tiene un decodificador integrado Dolby Digital, que además es compatible con Virtual Dolby Surround, que da sonido envolvente para sólo dos altavoces. También tiene una toma USB, pero el software sólo permite ver fotografías en la pantalla. Dado que una buena parte de la ingeniería de los modernos televisores es en realidad software, no estaría de más que el fabricante actualizara por software los puertos USB para que además leyeran vídeo y música. En estos momentos hay a la venta dos versiones básicas. Por un lado, el televisor con un soporte de pared, que viene a costar unos 5.500 euros, y por otro lado el televisor con soporte de sobremesa y unos altavoces estéreo, que además trae soporte para colgarlos de la pared. El precio de esta segunda opción es de 6.000 euros.

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