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Fujifilm piensa que en 2009 la fotografía instantánea todavía tiene sentido. Su nueva Fujifilm Instax Mini 7S es una cámara que, al igual que la Polaroid PoGo, trata de recuperar el viejo encanto de hacer una foto e imprimirla al instante. ¿Problema? Que en plena era digital los visores LCD, los correos electrónicos, los pendrives y las impresoras domésticas resultan infinitamente más versátiles y efectivos para ello.

Al menos los fanáticos de lo analógico se congratularan de que este nuevo modelo sea bastante compacto, mucho más que el ladrillo de Polaroid. Sólo mide 12,7 x 12,7 x 6,3 centímetros, aunque por tanto tampoco es capaz de realizar unas impresiones muy grandes. El papel especial que usa tiene unas dimensiones de 5 x 7,6 centímetros, pero la imagen sólo queda estampada en un área de 4,6 x 6 centímetros.

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Al parecer, sólo existe una variante de la citada película con sensibilidad de 800 ISO, así que es muy probable que las fotos aparezcan más granuladas de la cuenta. Según parece se trata de un solución fotosensible regular, que nada tiene que ver con las innovaciones de Zink en este campo. Eso sí, un paquete de diez unidades cuesta nada menos que 20 dólares. 14 euros por sólo diez fotos de tamaño ridículo.

Y la cámara tampoco es que sea del todo barata. 96 dólares (65 euros) por un juguete tan limitado no merecen la pena. Con estas condiciones, la Fujifilm Instax Mini 7S las tiene todas consigo para fracasar estrepitosamente. Si al menos se pudiesen almacenar las imágenes en soporte digital tendría un poquitín de atractivo. Sólo un poquitín.

Vía: Crave

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