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Si por algo se caracterizan los laboratorios de investigación de B&W, también llamados “la Universidad del Sonido”, es por su continua búsqueda de materiales diseños y mecanismos que permitan un obtener un sonido cada vez más fiel. De allí salió en 1993 y tras cinco años de investigaciones, un altavoz que ha supuesto un cambio revolucionario en el diseño de pantallas acústicas. Los Nautilus, desde entonces, se han convertido en los mejores altavoces del mundo, y han logrado que decenas de expertos cambien su concepción de lo que es el buen sonido tras escucharlos.

Los Nautilus de B&W cambian la concepción de altavoz, que hasta entonces era una serie de transductores de sonido colocados dentro de una caja. Los ingenieros de la casa decidieron romper con el diseño tradicional, para adoptar algo más orgánico, copiado de la naturaleza. Así, crearon unos altavoces de cuatro vías, colocadas de manera tal que las 3 superiores se alojan dentro de tubos cuyo diámetro se va reduciendo conforme aumenta la distancia al cono de altavoz hasta acabar casi tan finos como una aguja. El altavoz de graves, por su parte, tiene un recinto con un diseño parecido salvo que el tubo, o más bien el cono se va a enrollando sobre sí mismo hasta formar una estructura de caracola.

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Los recintos cónicos rectos que alojan las tres vías superiores están rellenos de un material absorbente. Así, la marca británica solucionaba el problema de los rebotes del sonido dentro del altavoz. Hay que recordar que los conos de altavoz irradian sonido no sólo hacia adelante, sino también hacia atrás, y este rebote trasero acaba por enturbiar el sonido. La solución de B&W elimina de un plumazo este problema. El altavoz en sí tiene un diseño activo con el divisor de frecuencia situado entre el preamplificador y el amplificador de potencia. Así, no se puede hablar sencillamente de unos altavoces Nautilus, sino de un sistema Nautilus completo que estará formado por un preamplificador estéreo más ocho amplificadores monofónicos o cuatro estereofónicos, de manera que cada cono de altavoz tenga su propio sistema de amplificación. La casa recomienda que se utilicen amplificadores de entre 100 y 500 vatios de potencia.

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Estas pantallas son innovadoras incluso desde el punto de vista de los materiales. Se emplea aluminio para la cesta de los conos de altavoz, pero sobre todo resinas de alto rendimiento. Como la casa tenía poca experiencia en este campo, contrató los servicios de Raceprep, una firma británica especializaba en la fabricación de carrocerías para coches de Fórmula Uno, y expertos en resinas y fibras de carbono. Hasta el acabado es exquisito. Se utiliza el mismo sistema de pinturas que usa la Mercedes y la  Porsche. El resultado es un altavoz que tiene casi coloración cero, es decir que al sonido original ni le añade ni le quita un ápice, y que puede reproducir el sonido con una calidad hasta ahora nunca vista. Por eso, 17 años después, los Nautilus siguen siendo los mejores altavoces del mundo, con permiso de los Diamond,  del mismo fabricante, algo que se refleja además en su precio. Cuestan 65.000 euros la pareja.

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