Las pantallas con resolución QHD hicieron su entrada  en el panorama móvil el año pasado con el LG G3 y, poco a poco, vemos como otros fabricantes también se han sumado a la tendencia de las pantallas de alta resolución en sus móviles de gama alta. Samsung hizo lo propio con el Samsung Galaxy Note 4. Presentado en septiembre de 2014, equipa una enorme pantalla de 5,7 pulgadas que desarrolla 2.560 x 1.440 píxeles de resolución, a lo que corresponde el estándar QHD. Con esta configuración, estamos hablando de una densidad de 515 puntos por pulgada. En el caso del LG G3, la pantalla mide 5,5 pulgadas y su densidad sube a 538 ppp. Si nos vamos a un modelo más reciente, el Samsung Galaxy S6, la densidad aumenta todavía más porque su pantalla mide 5,1 pulgadas (577 ppp). Las principales marcas ya incluyen este tipo de pantallas en sus smartphones, aunque hay otros que han decidido mantenerse en el estándar FullHD (1.920 x 1.080 píxeles) como HTC con el nuevo HTC One M9 (5 pulgadas y 441 ppp). Sobre el papel, la diferencia es abismal, pero en la práctica no es para tanto. ¿De verdad es necesaria tanta resolución?


En teoría, alrededor de 300 puntos por pulgada nuestro ojo ya no puede distinguir los puntos que forman la pantalla, es decir, los píxeles -de aquí surge el apodo Retina de la pantalla de los iPhone, que están en torno a los 326 ppp de densidad. Esta afirmación es acertada hasta cierto punto, ya que otros factores como la luminosidad del panel y la distancia de lectura pueden afectar a la imagen. Las pantallas QHD ofrecen más nitidez, imágenes con un nivel de detalle asombroso y textos más claros. Además, este tipo de pantallas suelen ser bastante amplias, habitualmente están entre 5 y 6 pulgadas, ofreciendo una experiencia visual de mayor calidad. Pero todo tiene un precio, y en este caso el coste es bastante alto.

El primer inconveniente que presentan los móviles con pantallas de alta resolución es el precio. Los fabricantes están incluyendo este estándar en sus smartphones de tope de gama, cuyos precios están en torno a 600 o 700 euros en el lanzamiento, aunque los podemos conseguir por menos si esperamos algunos meses. Otro problema de las pantallas de alta resolución es que cargan más el procesador, sobre todo la parte gráfica, impidiendo que el rendimiento sea todo lo rápido que podría ser con un panel FullHD o incluso un HD (1.280 x 720 píxeles). No obstante, no supone tanto un problema en la práctica, ya que los móviles que vienen con pantallas de este tipo también incluyen procesadores muy potentes. Si el precio y el rendimiento no te preocupan quizás lo haga la autonomía. Una pantalla QHD consume más energía y, si al final nos quedamos sin batería, de poco importa tener una pantalla tan nítida; apagadas parecen todas iguales. En definitiva, las ventajas que ofrecen las pantallas QHD se centran únicamente en la experiencia visual, mientras que afectan negativamente a otros apartados tan importantes como la batería o el precio.

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