A Fondo, Accesorios, Altavoces|5 diciembre 2008 1:48 pm

Sony Rolly – A fondo



Parecía el típico invento que nunca saldría de Japón. Pero no. El Sony Rolly, ese reproductor MP3 capaz de bailar al ritmo de la música, está en España desde el pasado mes de octubre. Un producto difícil de clasificar, pues es al mismo tiempo un equipo de música de sobremesa, un robot con movimiento y un altavoz sin cables para el teléfono móvil.

Después de probarlo durante varias semanas, llegamos a la conclusión de que la categoría más justa para él es la de juguete. Por supuesto que reúne un buen apartado de posibilidades musicales, pero como veremos durante este análisis, para aprovechar bien sus posibilidades es necesaria la implicación del usuario. Y es un juguete muy chulo, sí, pero también bastante caro. Para empezar, nada mejor que verlo en acción en el siguiente vídeo.

Imagen de previsualización de YouTube


Llamativo, ¿verdad? Pues en directo impresiona todavía más, hasta el punto de que muchos de los que lo ven in situ por primera vez no pueden evitar sorprenderse y reírse. Sony ha conseguido crear un pequeño robot con forma de huevo, que mueve dos tapitas para los altavoces a modo de brazos, gira sobre sí mismo, se desplaza en varias direcciones y emite luces de hasta 700 colores distintos gracias a sus dos anillos LED.

Todo ello mientras emite la música a través de dos altavoces estéreo de neodimio, que consiguen una potencia más que suficiente para pequeñas reuniones de familiares y amigos, manteniendo una nitidez de sonido bastante decente. Ahora bien, ¿es capaz de realizar esos bailes tan sorprendentes con cualquier canción que agreguemos a su memoria interna de 2 GB? No. O mejor dicho, no por sí solo.

La canción que os hemos mostrado en el vídeo es una de las que vienen precargadas en este Rolly. En Sony se han preocupado porque este robot musical seduzca a primera vista con las pocas canciones que trae de serie. ¿Pero qué sucede con las que luego aporta el usuario? Pues vamos a ir por partes. En primer lugar, está la opción de conectarlo al puerto USB del ordenador usando el cable suministrado en la caja. Y añadir los temas que queramos como si fuese una sencilla memoria de bolsillo.

Cuando hacemos esto, Rolly intepretará un baile aleatorio para los nuevos temas, realizando movimientos que guardan muy poca relación con lo que está sonando por los altavoces. La siguiente opción consiste en instalar en nuestro PC el software que viene dentro del CD de la caja, llamado Rolly Coreographer. Es el clásico programa opcional para actualizar y sincronizar el contenido de un reproductor de música, sólo que en este caso permite hacer lo mismo con el baile asignado a cada canción.

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La interfaz del programa se divide en tres grandes zonas. A la izquierda hay una zona de reproducción, que incluye una previsualización de los movimientos que hará Sony Rolly cuando lo soltemos a bailar mientras suena cada canción. En la parte superior está el habitual apartado para buscar las canciones en el ordenador, y debajo el contenido interno del Rolly. Cuando pasamos una canción del PC al Rolly, tenemos que esperar unos segundos, pues el programa analiza la música para generar un baile, creando un archivo con extensión .dat asignado a cada canción.

El problema es que, mediante este método, el baile que hace Rolly no mejora mucho. Le añadimos un tema muy marchoso de heavy metal y el cacharrito se movió de forma lenta y sosa. Luego, probamos con una balada melosa y Rolly no paraba de dar vueltas y moverse como si estuviera en una discoteca. Antes de que cundiese la decepción, descubrimos un botón llamado “Search Motion”, que permite acceder a una lista de bailes creados por los propios usuarios de Rolly.

Y sí, aquí ya encontramos bailes que, en líneas generales, van bastante acordes con la música. Pero apenas aparecen un centenar de canciones, y algunas de ellas repetidas (especialmente clásicos de Michael Jackson como Thriller, que viene hasta tres veces). Esto da una idea de la reducida comunidad de usuarios que ha conseguido hasta el momento Sony Rolly, situada fundamentalmente en Japón (cada baile incluye información sobre su autor, y en la inmensa mayoría de los casos su nacionalidad viene indicada por las siglas “JP”).

Al final, más que buscar una coreografía ya creada para una canción determinada, hemos tenido que mirar el listado completo de coreografías disponibles y buscar por otros medios los archivos MP3 correspondientes. En cuarto y último lugar, queda la opción de crear nosotros mismos una coreografía a través del editor de Rolly Coreographer, cuya interfaz podéis observar en la siguente captura.

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Una adaptación del clásico programa que sirve para crear música con distintas filas para cada instrumento. Sólo que en este caso decidimos los movimientos de los brazos, los hombros, las ruedas y el color de las luces emitidas, separando cada uno en función del lado izquierdo y el derecho. Un editor con muchas posibilidades, y con el que podemos escuchar el trozo de música que suena en cada momento, pero al que hay que dedicarle una buena cantidad de horas de aprendizaje. Y ganas.

Un MP3 poco común

Como decíamos anteriormente, la calidad de los altavoces es buena. La primera advertencia que tenemos que hacer de su diseño ovalado, disponible en dos colores (blanco o negro), es que no es un MP3 de bolsillo. Es cierto que cabe en la palma de la mano, pero directamente no incluye salida de auriculares. Y aunque la tuviese, por peso y dimensiones sólo podríamos transportarlo en el bolsillo interior de una chaqueta, y su presencia se notaría bastante.

En resumidas cuentas, si obviamos su capacidad para bailar, el Rolly sólo sirve como un sencillo reproductor musical de sobremesa (de hecho, viene con un pequeño soporte por si queremos mantenerlo fijo con seguridad). A todo esto Sony le añade un curioso sistema de control, en el que los dos grandes protagonistas son nuestra mano y el sensor de movimiento que incluye Rolly en su interior. Podemos empezar sosteniéndolo con una mano en posición vertical, colocar la palanca de control en la posición de encendido y pulsar una sola vez el botón central.

Al hacer esto, se destapa automáticamente el altavoz superior y comienza a sonar la música. Girando la rueda superior cambiamos de una canción a otra (un pequeño giro cambia de canción, un gran giro cambia de carpeta), y girando la rueda inferior controlamos el volumen. Si durante la reproducción giramos el Rolly en la mano, éste lo detecta y destapa sólo el altavoz que queda orientado hacia arriba, y la función de cada rueda cambia también de forma automática.

Imagen de previsualización de YouTube

Como observamos en el vídeo superior, si colocamos el Rolly en posición horizontal, se destaparán los dos altavoces a la vez. El cambio de canciones y carpetas se hace desplazando el bicho hacia adelante o hacia atrás, mientras que el volumen lo modificamos haciéndolo girar sobre sí mismo. Para iniciar los bailes, sólo hay que hacer doble clic en la tecla central, y Rolly comenzará a moverse mientras suena la última canción reproducida. En este modo, no es posible cambiar de canción ni modificar el volumen.

Muy, muy curioso, la verdad. Pero al contrario de lo que se dice en muchas publicaciones, no es nada intuitivo. Cualquier persona que lo sostenga puede darse cuenta de cómo se hace el cambio de volumen y canciones a una mano. Pero para el resto de posibilidades, hay que dedicarle unos minutos al manual de instrucciones. Es cierto que, después de soltar el libreto, uno llega a pensar “claro, ¿cómo no se me había ocurrido?” Es decir, podríamos decir que su manejo es “intuitivo a posteriori“, si no fuese porque dicha expresión es una contradicción en sí misma.

En cualquier caso, el mayor problema del manejo es que puede llegar a ser realmente conflictivo. En todas las posiciones, es sumamente fácil cambiar de carpeta cuando sólo queremos cambiar de canción, pues basta que se nos vaya un poco la mano al girar la rueda o desplazar el equipo sobre una mesa. Lo mismo sucede al cambiar de una posición a otra, pues podemos girar accidentalmente una rueda mientras lo movemos.

Para colmo, cuando cambiamos las canciones éstas no comienzan desde el principio, sino desde el segundo de reproducción en el que sonaron por última vez. Podemos llegar a entender que no tenga una pantalla para visualizar los archivos, pues toda la superficie del Rolly es curvada y en cualquier caso la pantalla podría deteriorarse con los bailes. Pero no le hubiesen venido mal al menos un par de botones para ir hacia adelante y hacia atrás de forma rápida, sencilla y sin conflictos.

La última posibilidad de reproducción la brinda su conexión Bluetooth con perfil A2DP, que permite usar el Rolly como un altavoz externo sin cables de móviles, ordenadores, MP3 de bolsillo y otros equipos. Nosotros lo hemos probado con un Nokia 5320 XpressMusic y, después de esperar unos minutos para que ambos equipos se sincronizasen por primera vez, todo funcionaba perfectamente al instante. En este modo Rolly también puede echarse a bailar, pero haciendo los movimientos aleatorios que describíamos al principio.

La autonomía es aceptable pero no extraordinaria, llegando a cinco horas si sólo lo usamos para reproducir música. Lógicamente, y como os mostramos en más detalle en la ficha técnica, las horas que aguanta el equipo con la batería bien cargada descienden en función de si usamos las opciones de baile y conexión por Bluetooth.

¿Quién quiere este Sony Rolly?

Si costase como mucho unos 100 euros, seguramente sería uno de los objetos más regalados durante estas Navidades. Pero los 400 euros que hay que desembolsar por él, además de todas las dificultades que os hemos contado a la hora de conseguir bailes realmente acordes con la música, lo destinan inevitablemente a un público muy tecnófilo, con buen poder adquisitivo y mucho tiempo libre para dedicarse al estudio de su editor de coreografías. El problema es que en España este tipo de usuarios no son tan habituales como en Japón.

Puntos fuertes

Para ese grupo minoritario de usuarios que hemos descrito en el párrafo anterior, este Rolly es una oportunidad única de conseguir una pieza robótica de andar por casa, con muchas posibilidades en lo que al movimiento se refiere. En un segundo nivel de análisis, también podríamos hablar de su buena calidad de sonido y la posibilidad de usarlo como altavoz sin cables.

Se puede mejorar

Ya hemos hablado de su elevado precio, sus dimensiones para nada de bolsillo, la imposibilidad de usar unos cascos, la dedicación que requiere añadirle buenas coreografías y su manejo conflictivo. ¿Algún inconveniente más para quien, aún así, quiera comprarse un Sony Rolly? Por desgracia, sí. Y es que, con la excusa de ahorrar batería y evitar que el equipo pueda caerse de una mesa, este robot musical dejará de bailar cada vez que acabe una canción. Luego sólo reproducirá música y será necesario volver a hacer doble clic en el botón central para que inice el baile de la nueva canción.

¿No bastaba con advertir a cada usuario de los riesgos que conlleva no vigilarlo mientras baila? Lo mismo sucede con otra limitación a los bailes que Sony justifica con el ahorro de batería: sólo puede bailar durante siete minutos seguidos. Esto quiere decir que, en canciones largas como Stairway to Heaven, el bicho dejará de moverse antes de que acabe la música. Es más, en el citado tema de los Led Zeppelin, el baile cesará justo en plena apoteosis final. Estas limitaciones no tienen sentido en un producto que, repetimos, requiere una buena inversión de dinero y tiempo.

Ficha técnica

Peso y dimensiones 104 x 65 x 65 mm
300 gr
Sonido
Estéreo 1,2 x 1,2 vatios
Almacenamiento 2 GB de memoria flash interna
Conexiones
Salida miniUSB (cable adaptador suministrado)
Bluetooth A2DP
Controles Botón principal de reproducción
Palanca de tres posiciones: encendido, apagado y Bluetooth
Software Rolly Coreographer (CD suministrado)
Formatos compatibles
MP3 y AAC sin DRM
Autonomía Batería ion litio de 1560 mAh
5 horas de reproducción musical
4 horas de reproducción musical con baile
3,5 horas de reproducción musical por Bluetooth
2,5 horas de reproducción musical por Bluetooth y con baile
Precio
399 euros
+ info
Sony



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