Muchos aficionados y profesionales de la fotografía se enfrentan tarde o temprano a la limpieza de las lentes. Existen tantas maneras de hacerlo como fotógrafos, y opiniones para todos los gustos. Lo que cualquier fotógrafo nos dirá para empezar es básico: la mejor manera de limpiar las lentes es no tener que limpiarlas. Recordar el poner siempre la tapa y alejarse de niños, cuñados etc. que no sepan lo mucho que nos vamos a enfadar si nos ponen los dedos en el cristal. Pero si no hay vuelta atrás y la lente está hecha un desastre, vamos con las técnicas más fiables.

Las cámaras suele incluir un líquido, basado en alcohol, para limpiar las lentes. En caso de utilizar éste, deberemos poner no más de un par de gotas en un paño. Muy suavemente procederemos a limpiarlo siguiendo movimientos circulares. Utilizaremos siempre fibras sintéticas, nunca naturales, que pueden rayar más fácilmente la lente. Es recomendable también limpiar desde el centro hacia los extremos, así, si queda algún resto de suciedad, está terminará lejos del centro del objetivo.

Por sorprendente que parezca, muchos fotógrafos profesionales prefieren limpiar las lentes simplemente echándole el aliento. Al fin y al cabo, el aliento humano sería poco más que una pequeña cantidad de vapor de agua, y además sin cal. Puestos a ser un poco cuidadosos, mejor prescindimos de la camisa y rematamos la limpieza con el paño de las gafas.

Y es que los paños de microfibras, como el que incluyen todas las gafas, son básicamente los mismos que se venden para limpiar lentes fotográficas. Por supuesto, encontraremos multitud de paños “especiales” para esta faena, pero puede que no merezcan la pena si contamos con el paño de toda la vida.

Para los que siempre buscan la solución más profesional posible, existen en el mercado todo tipo de accesorios de limpieza. Peras sopladoras, pinceles, secantes… Algunos pueden ser una buena inversión sólo en el caso de que la lente esté realmente sucia. En las tiendas especializadas encontraremos kits que traen varios de estos elementos, está en nuestra mano el elegir el que mas nos convenza. Pero mucho cuidado con comprar productos en tiendas no especializadas. El ahorrarnos unos euros puede provocar un enorme desastre, y es que los objetivos no son precisamente baratos.

Las peras sopladoras son las mismas que las que se venden para los enemas de los bebés. Se pueden encontrar en cualquier farmacia, y son lo mejor para retirar el polvo antes de pasar el paño. No son imprescindibles, pero también pueden servir para limpiar el sensor de las cámaras. Eso sí, la limpieza de sensores es una operación mucho más complicada, y no suele ser recomendable intentarlo si no eres un profesional. Las marcas suelen limpiar los sensores gratuitamente si la cámara está en garantía, o en las ferias de fotografía.

Los pinceles de limpieza para lentes si que son especiales, y no se parecen en nada a los pinceles de pintar, que pueden rayar el objetivo. Suelen estar hechos de pelo humano, y sirven para retirar grandes cantidades de suciedad del objetivo. A no ser que tengamos manchas de barro o similares, es mejor no utilizarlos, por que siempre corremos el riesgo de provocar alguna pequeña marca en la lente.

Otra buena idea es dejar un par de bolsitas anti-humedad junto a la cámara. Son las mismas bolsitas de papel que vienen en la caja de casi todo cacharro electrónico. La humedad que pueda almacenarse en la bolsa de la cámara es un imán de suciedad, y además puede causar el deterioro de la lente. Es una forma muy sencilla de preservar la limpieza en el objetivo.

Y esa es la clave del asunto: preservar el objetivo de la suciedad. La limpieza más segura es la que no se hace, y en este asunto un pequeño error puede salir muy caro. Los diferentes filtros UV (de luz ultra-violeta) son otra buena idea para mantener el polvo lejos de nuestras lentes. Son baratos, y limpiarlos es más sencillo. Además, en caso de que los estropeemos, su precio no se parece ni de lejos al de un objetivo.

La cosa está clara, Cariño, cuidado y si no queda otra, paños de microfibras son la clave de un buen mantenimiento de nuestras lentes. Eso sí, una vez que estén sucias, tenemos técnicas para todos los fotógrafos, sin olvidar una que no hemos mencionado: llevar la cámara a la tienda, y dejar que se ocupe otro, probablemente la opción más segura.

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